Cuando al cerrar la boca los dientes superiores e inferiores no llegan a tocarse, no es solo una cuestión estética. Esta guía para corregir mordida abierta te ayuda a entender qué está ocurriendo, qué soluciones existen y por qué un diagnóstico con ortodoncista marca la diferencia entre mover dientes y tratar realmente el problema.

La mordida abierta puede hacer que morder una pizza, pronunciar ciertos sonidos o cerrar los labios con naturalidad resulte más difícil. También puede afectar a la seguridad al sonreír. La buena noticia es que muchos casos se pueden corregir con ortodoncia moderna, incluidos los alineadores transparentes, siempre que el plan se adapte a la causa y a la complejidad de cada paciente.

Qué es una mordida abierta y por qué conviene tratarla

Se habla de mordida abierta cuando queda un espacio visible entre los dientes superiores e inferiores al cerrar las arcadas. Lo más habitual es la mordida abierta anterior, situada entre los incisivos y caninos. Con menor frecuencia, el espacio aparece en las zonas posteriores.

No todas las mordidas abiertas son iguales. Algunas responden principalmente a la posición de los dientes y otras están condicionadas por el crecimiento de los maxilares. Esta diferencia determina el tratamiento, su duración y la necesidad de combinar la ortodoncia con otros enfoques.

Dejarla sin valorar puede favorecer un desgaste irregular de algunos dientes, dificultad para cortar alimentos y sobrecarga en otras zonas de la mordida. En determinados casos, también se relaciona con hábitos orales persistentes o con una posición de la lengua que empuja los dientes hacia delante cada vez que se traga.

Las causas más frecuentes de la mordida abierta

En niños y adolescentes, hábitos como chuparse el pulgar, usar el chupete más tiempo del recomendado o interponer objetos entre los dientes pueden contribuir a que la mordida no cierre. En adultos, es frecuente encontrar una combinación de posiciones dentales adquiridas con el tiempo, hábitos de deglución y predisposición esquelética.

La respiración oral mantenida, algunos problemas funcionales de la lengua y factores genéticos también pueden influir. Por eso no conviene asumir que todos los casos se solucionan simplemente «metiendo hacia dentro» los dientes delanteros. Si la lengua sigue presionando donde no debe o la base ósea condiciona la mordida, el resultado puede ser inestable.

Un ortodoncista revisa la forma de las arcadas, la posición de cada diente, el contacto al morder, la salud de encías y raíces, y la relación entre maxilar y mandíbula. Las fotografías clínicas, las radiografías y un escaneo 3D permiten diseñar un movimiento que no persiga solo una sonrisa más alineada, sino una mordida funcional.

Guía para corregir mordida abierta: el proceso clínico

El primer paso no es elegir entre alineadores o brackets. Es confirmar el origen de la mordida abierta y medir su grado. Un espacio pequeño entre dientes, con una buena relación de los maxilares, suele tener un abordaje muy distinto a una discrepancia esquelética marcada.

Diagnóstico digital y planificación individual

El escaneo dental 3D permite obtener un modelo preciso de la boca sin pastas de impresión. A partir de ahí, el ortodoncista puede planificar qué dientes deben moverse, cuánto debe cambiar la mordida y en qué secuencia. Este punto es especialmente relevante en una mordida abierta: cerrar un hueco sin controlar la inclinación dental o los contactos posteriores puede comprometer el resultado.

La planificación también identifica si es necesario atender un hábito lingual o acudir a otro profesional. En ciertos pacientes, la terapia miofuncional ayuda a reeducar la postura de la lengua y la deglución. No sustituye la ortodoncia cuando hay un problema dental, pero puede contribuir a que la corrección se mantenga.

Ortodoncia con alineadores transparentes

Los alineadores invisibles pueden ser una excelente alternativa para mordidas abiertas dentales de leves a moderadas y para numerosos casos complejos bien planificados. Son férulas transparentes hechas a medida que se cambian según la pauta indicada y ejercen fuerzas controladas sobre dientes concretos.

Para cerrar una mordida abierta, el tratamiento puede combinar movimientos de los dientes anteriores, ajustes de los posteriores y el uso estratégico de pequeños relieves del color del diente llamados ataches. Estos elementos mejoran el agarre del alineador y permiten ejecutar movimientos que exigen un control clínico preciso.

Su gran ventaja es la discreción. Puedes quitártelos para comer y cepillarte, y llevar el tratamiento con menos impacto visual en reuniones, eventos o en tu día a día. Pero esta comodidad exige compromiso: para que funcionen, deben utilizarse el número de horas diarias indicado por el ortodoncista. Quitárselos con frecuencia o cambiar de férula antes de tiempo puede retrasar el plan.

Cuándo los brackets o la cirugía pueden ser necesarios

Los brackets siguen siendo una herramienta eficaz y, en algunos casos, la más recomendable. Pueden ser útiles cuando se requiere un control muy específico, cuando hay dientes muy rotados, restauraciones que dificultan el uso de alineadores o cuando el paciente no puede cumplir con el uso diario necesario.

Si la mordida abierta procede de una discrepancia importante entre los huesos maxilares en un adulto, puede ser necesario valorar ortodoncia combinada con cirugía ortognática. No es la opción habitual para todos los pacientes, pero ignorar un componente esquelético severo para buscar una solución rápida suele llevar a resultados limitados o poco estables.

Señales de que necesitas una valoración profesional

El espacio entre los dientes al cerrar es una señal clara, pero no la única. Conviene pedir una revisión si reconoces varias de estas situaciones:

Una valoración temprana es especialmente útil en menores, porque permite detectar hábitos y guiar el crecimiento cuando todavía hay margen de intervención. En adultos también hay soluciones eficaces: la edad no impide el tratamiento, aunque la planificación debe respetar el estado de las encías, del hueso y de las restauraciones existentes.

Qué esperar durante el tratamiento

La duración depende de la magnitud del problema, del método elegido y de la colaboración del paciente. Un caso dental sencillo puede avanzar con rapidez, mientras que una mordida abierta compleja necesita más fases y revisiones. Prometer el mismo plazo a todos los pacientes sería poco riguroso.

Con alineadores, las revisiones permiten comprobar que los dientes siguen la secuencia prevista y realizar ajustes si son necesarios. El seguimiento por un ortodoncista no es un detalle adicional: es la parte que permite detectar a tiempo movimientos insuficientes, cambios en la mordida o señales de afectación gingival.

Al finalizar, la retención es indispensable. Los dientes tienen memoria y tienden a desplazarse. El retenedor, junto con el control del hábito que originó o agravó el problema, protege la inversión realizada en tu sonrisa y en tu función masticatoria.

En Allinea, una valoración y escaneo dental 3D gratuitos permiten conocer si tu mordida abierta puede tratarse con alineadores transparentes bajo supervisión de un ortodoncista. Si vives en Monterrey o su área metropolitana, empezar con un diagnóstico profesional te dará una respuesta concreta, sin promesas genéricas ni tratamientos a ciegas.

Corregir una mordida abierta no consiste en ocultar un espacio: consiste en conseguir contactos dentales más equilibrados, una sonrisa que te resulte natural y un resultado que puedas mantener con el tiempo. El siguiente paso útil es sencillo: pide una revisión clínica y deja que el plan se base en tu boca, no en una solución estándar.

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